JORNADAS NITS




JORNADAS NITS. VALENCIA, 50 AÑOS EN LA ESFERA DEL ARTE SONORO

“Hay que recuperar, mantener y transmitir la memoria histórica, porque se empieza en el olvido y se termina en la indiferencia”.
José Saramago


Estas Jornadas se proponen narrar que hay música, y por tanto vida fértil, mas allá de lo aprendido y practicado en sus academias y solfeos.

Al entrar en los años 70, justo cuando Madrid se arruga y entra en silencios (lo más importante de nuevas músicas ‘madrileñas’ ¡tiene lugar en Pamplona-72!) en Valencia nace el grup Actum, un colectivo que hace suyo el indeterminismo de Cage, las propuestas omnicomprensivas, las músicas de acción y la moderna electroacústica que un olvidado Cura Castillejo ya practicó en nuestra Valencia en tiempos de la Republica.

Con insistencia y entusiasmo, la intensa actividad Actum nos traerá un festival, el Ensems, preñado de reflexión, fluxus, cageismos, conceptualismos y músicas acción.

Desde que nos adentramos en los años 80 la sorprendente Valencia liderará - con Santos/Barber a la cabeza - propuestas avanzadas sea en Madrid (Aula de la Complutense) sea en Mallorca con Toni Caimari (Encontre de Compositors), al tiempo que en casa pone en pie Tramesa d’art, un escaparate de magia, músicas habladas (Flatus Vocis Trio) y preformance art o Arte de Acción.

Sabemos que Valencia es tierra de celebración y bandas. Son miles las mentes que las pueblan y nos distinguen. En este contexto surge en los años 90, y en la Vall d’Albaida una ‘nueva monumentalidad sónica’ que – vía bandas y hasta truenos y aromas de primaveral corpus cristi - ocupa calles, plazas y alturas para ofrecernos músicas plurifocales que convierte esas ‘unidades peripatéticas’ que son las bandas, en móviles bien disciplinados y que propinan ráfagas, tuttis y murmurantes y colorísticos ‘pedales’, según convenga, para atizar unas celebraciones ciudadanas inusitadas, siempre festeras y sin embargo muy ‘otras’.

Desde el fin de siglo, (¡los deseados años 2000!) son realidad formal las llamadas instalaciones sonoras, que devinieron ‘ariete’ de un nuevo modo de escucha que dan cuerpo y vida a un atender los mil matices muchos de los cuales no caben en los llamados ‘auditorios’. Lo denominamos Arte Sonoro.

Valencia, heredera de las músicas eléctricas de Castillejo, de la algorítmica microtonalidad del alborayense Eduardo Panach Ramos, y también del Circuito perifónico que un visionario artista – Val del Omar – implantó en las calles y plazas de nuestra Valencia al finalizar la contienda del 36. Este pasado tan rico en atisbos y sugerencias conviene ser tenido en cuenta para sacar consecuencias y sumar matices a esto que se ha dado en llamar Arte Sonoro.